martes, 20 de diciembre de 2016

El último callejón

Los pasos retumbaban tras de mí, lentos, como si no tuvieran prisa por alcanzarme.
Toc, toc, toc, toc,…
Los latidos de mi corazón aceleraron y a ellos les siguieron mis pies. Sentí terror por primera vez en mi vida e intenté alejarme por el oscuro callejón, pero éste no terminaba jamás.
Miré varias veces de reojo, pero no veía nada. Sin embargo el sonido de los pasos seguía allí, siempre allí, tras de mí. Las mortecinas luces que de vez en cuando alumbraban el pasaje alargaban la sombra de mi cuerpo tembloroso y al dejarlas atrás otra sombra misteriosa iba poco a poco alcanzándome hasta que la luz se desvanecía en los tramos oscuros.
Alguien me seguía. Lento. Sin prisa. Pero decidido a ir allí donde yo fuera.
Yo cada vez avanzaba más rápido, pero nunca llegaba a ningún sitio, pues ese callejón no tenía fin, y las luces se iban distanciando más y más unas de otros.
Así transcurrió un tiempo largo, eterno. El ruido de las pisadas, pese a que mantenían un ritmo pausado, no parecía alejarse de mí. Toc, toc, toc, toc. Como un metrónomo que marcara el ritmo de una música fúnebre. Como el goteo nauseabundo de un desagüe en una morgue. Como los pasos de un grupo de amigos llevando el ataúd de un amigo a su última morada. Como mi vida llegando a su final. A un final al que tal vez condujera ese callejón tenebroso.
De repente, no sé por qué, me detuve. Sentí en mi interior que debía hacerlo. Algo me lo pedía.
Al quedarme quieto, el silencio. La nada. Ya no había pasos. Ya no había luz. Ya no había miedo. Ya no había yo.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Solo

Rescato hoy un inquietante relato que escribí en 2003. Espero que os guste.


SOLO

Por fin es la hora de cerrar. Ya tenía ganas. La verdad es que hoy no me he encontrado muy bien y tengo ganas de llegar a casa para tumbarme un rato a descansar. Menos mal que mañana es sábado. Enseguida recojo todo y cierro la oficina.
¡Qué raro! Son ya las siete y no ha subido el portero para avisar de que se cierra el edificio. Bueno. Se habrá retrasado.
¡Vaya! Ahora no funciona el ascensor. Con lo cansado que estoy no me apetece nada bajar ocho pisos andando. ¡Qué extraño que no haya nadie! Lo normal a estas horas es que los pasillos estén llenos de gente y he llegado al portal sin cruzarme con nadie. Es más. Ni siquiera se oye un solo ruido.
Son las siete en punto y no hay nadie en la calle. No puede ser que tenga el reloj parado, le cambié la pila anteayer y me lo revisaron como siempre suelen hacerme al cambiar la pila. Además, aunque lo tuviese algo atrasado, hoy es viernes y todavía luce el sol. Debería de haber gente en la calle paseando.
¡¿Y los coches?! ¡Están todos parados en medio de la calle y vacíos! Esto sí que es extraño. ¡No hay nadie en la calle! ¿Os lo podéis creer? Incluso huele raro, como a... aséptico. Eso es. Un aire aséptico. Como en un hospital. Como si no hubiera microbios ni polvo en el aire.
Está todo vacío. Las tiendas vacías pero abiertas, los coches en mitad de la calle, como si los hubiesen abandonado todos repentinamente. Pero, es curioso, todos tienen las puertas cerradas. Si la gente hubiese tenido que salir corriendo no se hubiesen molestado en cerrar las puertas. Vamos. Digo yo.
Algo ha tenido que ocurrir mientras yo estaba en el despacho. Tengo que pensar con calma, no debo ponerme nervioso.
¿Qué ha podido ocurrir para que todo el mundo haya tenido que abandonar la ciudad repentinamente? Tengo que pensar con lógica. Hay dos posibilidades: A.- que se hayan marchado voluntariamente; o B.- que les hayan obligado a irse.
En el caso de que se hayan ido de motu proprio, ¿por qué habrá sido? Pensar, tengo que pensar. Tiene que ser algo muy importante. Ha podido haber un escape de alguna sustancia muy tóxica en alguna fábrica. No. Si hubiese sido así la gente se hubiera ido en sus coches. No los dejarían en medio de la calle, con las llaves puestas. Y además está lo de las puertas cerradas. ¿Por un lado tienes que abandonar tu coche tan urgentemente como para dejarlo en medio de la calle y luego pierdes el tiempo en cerrar las puertas pero dejas las llaves puestas? No encaja.
También ha podido ser que se haya recibido algún aviso de ataque por parte de... de... No, no. No podemos ser atacados por ninguna otra nación. No en estos momentos de paz y estabilidad política. ¡Un accidente aéreo! Eso sí ha podido ocurrir. O, incluso, un aviso de caída de un satélite artificial o un meteorito gigante. ¡Eso es! Han avisado que en breve caerá un satélite y han decidido evacuar la ciudad.
No. No puede ser. Lo mismo que antes. Los coches.
Hay que descartar la opción A. Me centraré en la B. La gente ha sido obligada a irse de la ciudad y a abandonar todas sus cosas. Pero, ¿quién ha podido obligar a todo el mundo a la vez a dejar la ciudad? ¿Y cómo lo podría hacer?
¡Abducción! Como en la película que dieron el otro día en la tele. Todo el mundo a la vez ha podido ser abducido por extraterrestres. Yo nunca he creído en los platillos volantes, pero esta situación tampoco es muy normal, la verdad. Y eso sí explicaría lo de los coches en medio de la calle y con las puertas cerradas. Toda la gente ha podido ser transportada a otro lugar, o peor aún, desintegrada.
¡Un momento! Si yo me he librado estando en el despacho tiene que haber otras personas que estén en mi misma situación. Lo raro es que no me haya cruzado ya con nadie. Me acercaré hacia la plaza a ver si allí encuentro a alguien.
¡Los árboles! ¿Dónde están? ¡No hay árboles! ¡Ni hierba, ni siquiera tierra ni nada! Ni se oye ningún pájaro, ni se oye nada. Y el olor del aire... tan... aséptico, tan limpio, tan a... a nada, huele a nada. Sencillamente a nada.
Es como si no hubiese ningún rastro de vida en toda la ciudad.
Entonces lo de los marcianos no me sirve de explicación. No van a secuestrar a las plantas y hasta la tierra. Y sigo sin encontrar a ningún otro superviviente. ¡Superviviente! Eso es lo que soy. Ha ocurrido algo que ha aniquilado a toda forma de vida y hasta ha terminado con la materia orgánica de la tierra. Claro que en lugar de secuestrar a la gente han podido simplemente acabar con la vida en la Tierra con algún tipo de arma biológica que acaba con los animales y las plantas pero deja intactos los objetos.
No sé cómo me he librado, pero está claro que, por alguna extraña circunstancia, he quedado como la única forma de vida en toda la ciudad y Dios sabe si en todo el mundo.
El Sol debería estar a punto de ponerse y sin embargo sigue habiendo mucha luz. Y ya son las siete. ¿Cómo es posible? Todos los relojes marcan las siete. Y llevo más de dos horas por la ciudad desde que cerré el despacho. O eso creo, o creía. Ya no sé nada.
Debo pensar... Pensar con tranquilidad. Los relojes pueden estar todos estropeados por el mismo motivo que han desaparecido la gente, los árboles y los animales. Lo del Sol puede ser una falta de apreciación mía. Tal vez en lugar de dos horas sólo llevo quince minutos. Con todo lo que me está pasando no sería raro que hubiese perdido la noción del tiempo.
Bueno cogeré un coche y saldré de la ciudad a ver si esto es algo generalizado. Mira por donde voy a poder conducir un coche de lujo. Siempre hay que ver la parte positiva de una situación negativa.
¿Por qué no se abre la puerta de este coche? Es igual cogeré ese otro.
¡Tampoco puedo mover la manilla! No funcionan ni los coches, ni los relojes, ni los ascensores, ni los semáforos. No funciona ningún aparato.
Iré caminando hacia el puerto y veré si por allí encuentro a algún otro superviviente.
...
Ahora sí estoy seguro de que han tenido que pasar varias horas desde que empezó esta pesadilla, y sigue habiendo la misma luz y el Sol sigue en el mismo sitio. Debo de estar volviéndome loco.
No se ve a nadie por esta zona tampoco.
¡Vaya! Con el temporal que estaba anunciado y la mar está muy en calma. Bueno, la verdad es que está totalmente en calma. Nunca había visto el agua del mar tan lisa. Y ahora que me fijo, tampoco hay nada de viento. No se mueve nada. Ni siquiera chapotea el agua en la orilla. Es como si estuviese congelada. Como si fuera un espejo.
Es curioso ver los montes y los campos sin árboles, ni hierba. Sólo con piedras y la roca desnuda. No hay nada vivo sobre la Tierra. ¿Por qué solo yo? ¿Por qué no hay nadie más en mi situación? Tenía que haber más gente en sitios como mi despacho que se hayan salvado de lo que haya ocurrido, sea lo que sea. Si es un milagro o algo divino no sé por qué he sido yo el elegido, si ni siquiera voy a misa desde hace años.
Es como si se hubiese detenido el tiempo. Ni siquiera tengo hambre. Menos mal, porque seguro de que no hay nada para comer.
Todo está quieto. Ni siquiera se mueven las nubes, y el Sol sigue a la misma altura. Las sombras no se alargan. Y el silencio.
Tengo miedo.
Nunca me importó vivir solo, pero ahora me da pánico esta soledad. Es una soledad terrible. Nadie estuvo nunca tan solo como lo estoy yo ahora. Ni siquiera puedo contar el tiempo que llevo así. No avanza el tiempo. No hay nadie. No hay nada. ¿Qué es lo que me ha pasado? Debo estar volviéndome loco.
No puedo gritar. No entiendo por qué no. Aunque no haya nada vivo sí que debe haber aire por el que se propague el sonido.
A no ser que... ¡Qué idea más aterradora me ha venido a la mente en este momento! A no ser que no haya tiempo. Por eso el Sol no se mueve y todo está tan quieto. El tiempo se ha debido de detener de alguna manera. Por eso no puedo gritar, ni arrancar un coche, ni chapotear en el agua. Cualquier acción tiene necesariamente una duración, por breve que ésta sea. Y si el tiempo está detenido no es posible realizar ningún acto. No sé por qué, pero solo transcurre el tiempo en mi mente, en mí mismo. No puedo hacer nada que afecte a algo ajeno a mi persona. Ni siquiera emitir un sonido que cree ondas en el aire. Es como si yo no estuviera físicamente presente. ¿Me habré vuelto como invisible? Quizás esté en una especie de mundo paralelo que solo me afecta a mí. O ha ocurrido algún fenómeno físico extraño, como un choque de antimateria con la materia. Pero que yo sepa no se puede paralizar el tiempo. Lo más parecido es lo que puede ocurrir al viajar a la velocidad de la luz, entonces el tiempo se dilata y transcurre más despacio para un observador de fuera. Pero no se puede ir más rápido que la luz. ¡Es imposible!
Espera. Ahora que lo pienso, el otro día leí un artículo sobre unas partículas hipotéticas llamadas taquiones que podrían viajar más rápido que la luz. Pero según decían los autores, si existieran realmente estas partículas no podrían hacerlo en el espacio en el que vivimos, donde la velocidad de la luz es físicamente infranqueable. Los taquiones sólo se hallarían en otro plano y no podrían mezclarse con el nuestro. Pero, quizás, de alguna manera, yo me he desplazado a ese otro plano y estoy moviéndome a una velocidad superior a la de la luz y así el tiempo se detiene.
¿Cuánto durará esta pesadilla? Qué pregunta más tonta he hecho. Para mí durará una eternidad ya que el tiempo está detenido.
Quisiera poder hablar con los autores de la teoría de los taquiones para saber cómo volver a mi plano habitual, si es que se puede. No me apetece pasar toda la eternidad así. Tan solo. Sin que nada cambie en mi vida, o mejor en mi no-vida.
De todas formas no acabo de comprender bien por qué, si estoy en un mundo paralelo al nuestro al que he sido transportado no sé bien cómo, por qué, digo, están los coches, los edificios y todo el mobiliario y los objetos hechos por el hombre en este otro plano que, en teoría, no puede mezclarse con mi universo habitual.
A lo mejor sencillamente todo esto no es más que un sueño, una agobiante pesadilla que estoy teniendo y de la que pronto despertaré. Voy a esforzarme en salir de ella y acabar así con todo esto.
¡Vaya! Es la primera vez que me ocurre que no logro salir de un mal sueño al darme cuenta que es una pesadilla y que no es real. ¿Será cierto lo de los taquiones? Espero que no o voy a volverme loco.
Aunque ahora que lo pienso, quizás he perdido el juicio y me estoy imaginando todo esto. Estoy loco. Debo de estar loco. Esto no puede ser más que el delirio de un demente.

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El sábado por la mañana, como todos los sábados, Pilar, la señora de la limpieza, entró en el despacho de D. Faustino para hacer la limpieza y se encontró con el cadáver del abogado sobre su mesa. El médico dictaminó una parada cardiaca. Al parecer el ataque le sorprendió cuando estaba a punto de cerrar la oficina, hacia las siete de la tarde del viernes.
En su funeral uno de sus amigos comentó: “Para el pobre Faustino el fin del mundo ya ha llegado. Ojalá descanse en paz”. Y otro recordó aquel verso de Bécquer que sentenciaba: “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”


F I N (¿O no?)