lunes, 19 de junio de 2017

Mi novela "42,2 Muerte en Central Park" gratis esta semana

Hoy en el blog "Lectora de tot" han publicado una entrevista que me hicieron en relación a mi novela del Maratón de NY "42,2 Muerte en Central Park".
Podéis leer la entrevista aquí.
Con este motivo, durante esta semana, del 19 al 23 de junio, os podréis descargar gratis mi novela para ebook en Amazon desde este enlace.
Espero que aprovechéis la ocasión si aún no habéis tenido la oportunidad de leer la novela. Lo único que os pido es que si la leéis después la valoréis en Amazon.

sábado, 10 de junio de 2017

La ronda

Hoy es el primer día de Gabriel en la comisaría del barrio. No le gusta nada este destino y además, como su mujer no quiso acompañarle a la ciudad, está bastante disgustado. Solo, en un barrio triste y feo, con un trabajo desagradable, que además, para rematarlo, sabe que es para lo único que sirve.
Entra a un bar y pide un café con leche. Gabriel bebe un trago y después se sienta en una mesa a leer el periódico, pero maldice su perra suerte cuando justo en el momento de comenzar a hojear las páginas de deportes, suena su teléfono y al meter la mano al bolsillo derrama el café sobre el diario, justo manchándole las páginas de deportes, las únicas que le gustan, las únicas que lee, porque, para qué va a leer lo mal que va el mundo si lo ve todos los días en la calle, en la comisaría, en el mundo que tan bien conoce.
-¿Cómo que no vas a volver? ¿Cómo que te quedas con tu madre? Mira Loli, mira Loli, que llevas un mes fuera y ya me estoy acostumbrando a que no estés, eh, escuchas, que si no vienes mejor, que ya me he hecho a vivir solo, y mira por dónde vivo mucho mejor que cuando estabas tú, que no me dejabas vivir, tanto “no llegues tarde cariño”, “no me haces caso cariño”, que ya valía hombre, que me tenías harto. Pero tú te vienes en cuanto lo diga yo, escuchas, eh, Loli, que en mi casa mando yo y no se hable más, y no me vengas con eso de que deje de ser poli en casa, ¡eh!, que me tienes hasta allí, y mira que no me hagas hablar, que ahora no puedo, que si no, eh Loli, mira Loli, mira Loli, mañanas coges el autobús y te vuelves, que tu madre ya no está enferma, y si lo está, pues casi mejor, a ver si así me deja también en paz, que es peor que tú, mira Loli, mira Loli.
Gabriel se queda mudo cuando Loli le cuelga el teléfono, pero sigue hablando para que nadie se dé cuenta de que su mujer le ha dejado. Cómo lo iba a soportar, el que se enteren, digo, no el que le abandone. Gabriel sabe que Loli no va a volver esta vez. Ya se había ido otras veces, harta de sus malos modales. Pero él no cree que sea tan malo. Total, una hostia de vez en cuando, además sin dejarle marcas, que él sabe pegar, muchos años de oficio a las espaldas. La culpa es de su suegra, que le ha comido la cabeza. ¡Bah! Que se jodan las dos, que no son más que unas zorras. Para qué quiere vivir con una mujer, habiendo tantas por ahí donde escoger.
Gabriel termina el café, deja el periódico tirado en la mesa, sucio por las páginas de deportes, paga a Paco lo que éste le dice que vale, y sale a la calle, a patrullar, a descargar la mala hostia que lleva dentro, a joderle la vida a algún pobre desgraciado que se cruce con él esta mañana, o cualquier otra, que mucha diferencia no hay, dicho sea de paso.
Ya en la calle, Gabriel al primer desgraciado que se encuentra es al viejo vagabundo dormido -¡Dios, pasar de todo a nada en tan poco tiempo, perra vida!-. Le pega una patada con muy mala leche y le ordena que se quite de allí, que está molestando a los buenos ciudadanos que tienen comercios y ganan dinero con el que pagar impuestos para que el ayuntamiento construya centros de acogida para vagabundos, que son unos desagradecidos por no usarlos y quitarse así de la vista de los demás, que bastante tienen con sus problemas como para encima tener que ver a la escoria del mundo, a los marginados, por sus calles, por sus tiendas.
Gabriel ya se siente mejor, ya está entrando en calor. La Loli no le va a amargar la vida, ya se encargará él de amargársela más a muchos otros para compensar. Total, todo el mundo se lo merece, pues todos hacen putadas a quienes pueden, y a quienes no pueden, pues no se las hacen por eso, porque no pueden, que si no... Pero Gabriel tiene suerte, porque puede hacer putadas a muchos, y lo más importante, a muchos que son más importantes que él, a gente grande, gente con buenos coches, con buenos trajes, pero que en cuanto se ponen a tiro de Gabriel ya se encarga él de bajarles de nivel. Una buena multa, o mejor, una buena bronca en mitad de la calle, que eso le pone más.
-A ver, Ud., que no se puede hablar por teléfono mientras conduce, ¿es que no lo sabe?
-Pero, agente, si llevo cinco minutos parado desde que me han llamado.
-Ya, pero Ud. está detenido, no estacionado, y si sigue en esa actitud me veré obligado a multarle.
-Venga, Luis, te llamo luego que me he tropezado con un gilipollas.
-¿Qué ha dicho Ud.?
-Nada que le importe, hablaba con un amigo.
-Pues mire por dónde que hablar mientras se conduce es una actitud sancionable. Sáqueme los papeles.
-Pero si yo no conducía.
Ya está, piensa Gabriel, otro a tomar por culo. Qué se creía, que por conducir un bemeuve no me lo iba a cepillar. Anda y no me llama gilipollas el muy gilipollas, mejor si se hubiese callado, si ya le iba a perdonar la multa. Imbécil de tío. Hay gente que no sabe estar callada y reconocer que cuando yo estoy yo soy el que tiene el poder.
Gabriel ve una chica mona en minifalda y la sigue como si nada durante un rato para mirarle las piernas e imaginarse el culo que tiene. De repente se acuerda de su Loli y se cabrea. Mira a su alrededor, hay que seguir la ronda. Hay que seguir la labor de jodienda sin descanso. No puede haber gente sin problemas mientras él está amargado. Tiene que amargar para poder alegrarse un poco.
Pone un par de multas a dos furgonetas de reparto sin dejarles apenas tiempo de descargar. Un par de buenas broncas ya le empiezan a relajar. Si sigue así va a llegar contento a la hora de comer, cuando buscará un bar barato cerca del barrio en el que se coma decentemente y donde hacerse el simpático para que le traten bien mientras siga en esta zona, porque donde Gabriel come quiere que le traten como a un señor, como a una persona importante, que lo es, aunque sus superiores no lo quieran ver, aunque su jefe no se canse de decirle que es la basura del cuerpo, que gente como él destrozan la imagen de la Policía, que esos tiempos ya pasaron, que ahora son los ciudadanos los que mandan. Y eso a Gabriel le toca las narices, porque qué es eso de que mandan los ciudadanos si el que manda es él, que para algo lleva uniforme y representa a la ley. Su jefe está equivocado, no va a estarlo si es un mamón pelota de los políticos, que son los que están jodiendo todo con sus acuerdos y su hacerlo todo pensando en los votos. Putos votos. Eso sí que le jode a Gabriel, que un puñetero don nadie puede votar igual que él, que es quien es, que es mucho más que muchos tirados de la calle, robaperas desgraciados sin un sitio donde caerse muertos.
Joder con la Loli, que esta vez va en serio eso de que no va a volver. Y eso le jode mucho a Gabriel, pues si no vuelve quedará como un imbécil delante de los vecinos y conocidos, que pensarán que su mujer tuvo más huevos que él y le dejo. A él, a Gabriel, el policía, el duro, el que más manda. Y ahora resulta que su mujer le manda a tomar por culo y se pira. Qué pensarán ahora de él los vecinos. Creerán que no tiene lo que hay que tener para que su mujer se quede donde tiene que estar, en casa, aguantándole y cuidándole, que para eso se casó y no para pirarse cuando no le salen las cosas como ella quiere. Va. Que se joda Loli.
-A ver, Ud. ¿No ve que se ha saltado el Stop? Sáqueme los papeles.
Y el pobre hombre, nervioso, saca los papeles. No ha visto el Stop y no quiere discutir.
-Así se producen los accidentes, hombre. Hay que pensar en los demás y no ser tan egoísta. No me deja más remedio que multarle, hombre.