domingo, 6 de agosto de 2017

Clases de literatura erótica

Clases de literatura erótica
Al ir a formalizar la matrícula del último curso del Grado en literatura comparada, Susana, aconsejada por otras amigas, eligió la asignatura optativa de Géneros literarios del S. XX. No era que le interesara especialmente más ese tema que el de las demás asignaturas del cuatrimestre, simplemente era que el profesor tenía fama de explicar muy bien la asignatura y, sobre todo, que era muy guapo.
No era un hombre joven. Rondaba ya casi los cincuenta. Pero para todas las mujeres de la Facultad era terriblemente interesante. Era un hombre alto y delgado, no había perdido apenas pelo, un pelo que tenía las canas justas para darle un aire de experiencia y responsabilidad que por algún motivo atraía mucho a las mujeres, pero no demasiadas como para que envejecieran un rostro también con las arrugas justas para enmarcar unos ojos de mirada profunda, seductora tras unas gafas diáfanas. Y además, estaba soltero.
El primer día de clase Susana y sus amigas se sentaron en la primera fila. Él explicó el desarrollo del curso, los trabajos que debían hacer, los libros que debían leer y comentar y cómo sería la evaluación. Ellas, como el resto de las alumnas, lo miraban sin perder detalle de lo que decía ni de cómo lo explicaba.
Al acabar la clase, Susana se acercó a él con la excusa de hacerle algunas preguntas relativas a la asignatura. Él contestó a todo con paciencia mientras ambos se miraban a los ojos. Luego Susana le dio las gracias y se dirigió a la puerta. Allí, justo antes de salir, se giró y miró al profesor. Él la estaba mirando y al ser sorprendido esquivó con rapidez la mirada. Ella salió sonriendo y fue rauda hacia donde estaban sus amigas para comentarlo con ellas con cierta excitación.
El profesor, por su parte, no había podido resistirse a echar un vistazo al cuerpo de Susana. Pensó que no era la alumna más guapa que había tenido, pero sin duda era la que tenía el cuerpo más perfecto de todas.
Él tocó su cuerpo perfecto con su mente.
El discurrir del curso pasaba con normalidad. El profesor daba sus clases manteniendo el interés de sus alumnos. Susana y sus amigas seguían en la primera fila mirando a su guapo profesor y siempre atentas. Susana, si no todos los días, casi todos encontraba una excusa para comentar algo al profesor al final de clase. Y al marcharse él siempre la miraba admirando su bello cuerpo.
Y él tocaba su cuerpo perfecto con su mente.
El curso seguía a buena marcha. En el tema 5 tocaba hablar de literatura erótica. Las clases se pusieron más interesantes por momentos para Susana y sus amigas, ya que escucharle a él hablar de erotismo con su agradable y profunda voz disparaba su imaginación.
Tras una clase muy interesante sobre El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence, y Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, de Henry Miller, Susana se atrevió a ir al despacho del profesor para que éste le recomendara algunas novelas del género.
Ella llevaba unos pantalones muy ajustados y una blusa. Él la miraba con disimulo. Y él tocaba su cuerpo perfecto con su mente. Tras una breve charla sobre algunos libros finalmente ella salió con la recomendación de leer Delta de Venus y algún otro libro de Anaïs Nin y de hacer un trabajo sobre la autora para subir la nota final.
La semana siguiente Susana no acudió a las clases. Él se extrañó, pero no se atrevió a preguntar a sus amigas la causa de su ausencia, ya que no quería mostrarse especialmente interesado en una alumna, y menos en Susana, para no despertar sospechas de su atracción por ella.
Finalmente el lunes de la semana siguiente Susana se presentó en el despacho. Traía un denso trabajo sobre las novelas de Anaïs Nin y traía, además, una minifalda espectacular.
Él echó una ojeada al trabajo. Miró el índice y leyó algunos capítulos. A primera vista era un trabajo excepcional. Ella había sabido captar toda la esencia del erotismo de Anaïs Nin.
La miró y ella le sonrió dulcemente. Susana se sentó en el borde de la mesa y discretamente dejó que su falda se entreabriera. Él no pudo evitar mirar y se azoró al verle la ropa interior de encajes rojos. Después, se quitó las gafas.
Y él tocó su cuerpo perfecto con sus manos.